
El camino de la COP29 en Bakú a la COP30 en Belém es más que una simple transición entre cumbres: es un puente crucial donde las lecciones aprendidas deben traducirse en estrategias concretas. La Cooperación Sur-Sur y Triangular (CSST) es fundamental para este proceso, ya que ofrece la solidaridad, el aprendizaje entre pares y la innovación necesarios para convertir las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) en vías para una transición justa, inclusiva y con perspectiva de género.
En la Reunión Regional de Intercambio de Conocimientos, celebrada virtualmente del 1 al 3 de octubre de 2025, representantes de más de 30 países de Europa, Asia Central y otras regiones participaron en un diálogo que reflejó el espíritu tripartito de la OIT. Gobiernos, empleadores y trabajadores compartieron sus experiencias en la integración de las ambiciones climáticas con las prioridades del trabajo decente, garantizando que los compromisos climáticos no sean objetivos abstractos, sino oportunidades tangibles para sociedades más justas y resilientes. El intercambio puso de relieve que el aprendizaje entre pares es indispensable para alinear las políticas nacionales, fortalecer la rendición de cuentas en la implementación de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) y garantizar la comparabilidad entre las regiones del Sur Global.
El diálogo social se destacó constantemente como la clave del éxito. Si el cambio climático representa la tormenta, el diálogo es el paraguas que las sociedades deben sostener. Al involucrar a trabajadores, empleadores y gobiernos en una negociación estructurada, el diálogo social transforma la ansiedad climática en acciones concretas, convirtiendo las posiciones conflictivas en soluciones compartidas lo suficientemente sólidas como para integrarse en las estrategias nacionales y los compromisos internacionales. Es a través del diálogo que la acción climática gana legitimidad, inclusión y sostenibilidad.
La reunión también demostró cómo el SSTC conecta diversas experiencias:
Desde Kirguistán, donde los sindicatos y el gobierno están desarrollando posiciones conjuntas para las negociaciones climáticas, hasta Uzbekistán, donde los centros de empleos verdes impulsan la transformación sectorial.
Desde la integración de la transición justa en las estrategias de desarrollo regional de Armenia hasta el enfoque de Kazajstán en la seguridad y la salud ocupacional en el contexto de la resiliencia climática.
Desde las plataformas tripartitas de Brasil sobre energía y trabajo hasta los programas de bioeconomía de la Amazonía que protegen la biodiversidad y generan medios de subsistencia.
Estos ejemplos demuestran cómo la cooperación Sur-Sur impulsa la innovación, facilita el aprendizaje mutuo y garantiza que los trabajadores, las mujeres, los jóvenes y los grupos vulnerables no queden rezagados en la transición.
Mientras nos preparamos para la COP30 bajo la Presidencia de Brasil, la prioridad es clara: la credibilidad de la acción climática no solo reside en las ambiciosas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC), sino también en la capacidad de los países para implementarlas mediante el diálogo social, el aprendizaje entre pares y la cooperación Sur-Sur. Por lo tanto, este puente entre Bakú y Belém debe construirse sobre la base del intercambio de conocimientos, las alianzas institucionalizadas y las experiencias prácticas que vinculen los objetivos climáticos con el trabajo decente, la justicia social y el desarrollo sostenible.
De esta manera, la región —y el Sur Global en general— puede demostrar que las transiciones justas no son aspiraciones teóricas, sino realidades vividas, negociadas colectivamente y llevadas a cabo de forma inclusiva.

